Precisamente el tema de igualdad de todos los seres humanos es uno de los puntos de partida de esta reflexión, en efecto, lo que aquí se resalta es que hay una disociación entre ética y economía, donde la exclusión de aquellas cosas y/o personas que no son productivas o generan algún tipo de ganancia son puestas a un lado y algunas veces eliminadas, por lo tanto, al final es una visión egoísta de la vida donde el centro lo constituye solo y absolutamente los propios intereses sin tener en cuenta a ningún otro tipo de valor. Es por ello que en el desecho de alimentos - hecho íntimamente unido con el tema del hambre - lleva en lo profundo una pérdida de valores humanos como lo son el compartir y/o la solidaridad.
La reflexión a la cual aquí podemos acudir es que lo que yo necesito puede ser de gran utilidad para otra persona, con el tema en cuestión la aplicación sería que el alimento que yo desecho puede ser hasta vital para otro ser humano. Ante esto podemos contestar, como lo pensaba antes yo, que "esos seres humanos que necesitan no los veo, no los conozco" .
Ante esto, pienso en dos hechos ineludibles, el primero es que precisamente en el "no ver" y "no conocer" está la raíz del mal, puesto que aunque ciertamente lo que yo desperdicio no va a resolver ningún tipo de problemática es el aporte hacia la solución de la misma, y esto se relaciona con el segundo punto y es que no se trata de que en el momento no sepamos o no tengamos un contacto directo con una persona necesitada, sino de crear precisamente esta nueva cultura de la conservación de las cosas que son vitales para la subsistencia, y sobre todo la creación de la conciencia de la corresponsabilidad que todos tenemos en la sociedad respecto a las personas con escasos recursos, que no les permite ni siquiera el acceso al derecho humano básico de la alimentación.
Todo forma parte de un contexto más amplio donde se encuentran estilos de vida tales como el consumismo donde el afán por lo nuevo lleva al desecho de lo que ya no está de moda, donde las compras compulsiva están a la orden del día, y donde no importa lo que es necesario sino simplemente lo que queremos o deseamos para saciar nuestros placeres del momento.
No es una tarea fácil contrarrestar ese tipo de cultura, ya que esto es lo que más vende y lo que aparentemente es más rentable para las empresas. Digamos, por señalar solo un punto, que esta es una falta o una limitante en la manera en que medimos la rentabilidad de las cosas pues no debemos considerar simplemente las ganancias material sino en términos humanos, que al final son los más duraderos en el tiempo. Esta es una perspectiva a la cual me abrió el señalamiento de Papa Francisco sobre que los desechos en el medio ambiente está produciendo al final un deterioro el mismo, acortando no solamente la calidad de la vida en este planeta sino la supervivencia del mismo.
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