![The act of killing + La mirada del silencio [DVD]: Amazon.es: Documental, Joshua Oppenheimer, Documental: Películas y TV](https://m.media-amazon.com/images/I/51wzBCpzylL._AC_UF894,1000_QL80_.jpg)
Los documentales The Act of Killing (2012) y The Look of Silence (2014), dirigidos por Joshua Oppenheimer, provocaron un auténtico terremoto cultural e histórico en Indonesia. Consiguieron resquebrajar un pacto de silencio y propaganda que el Estado había mantenido blindado durante casi cincuenta años.
El impacto de estas obras en la sociedad indonesia y en la estructura de impunidad del país se puede analizar a través de varios frentes clave:
1. Demolición de la narrativa oficial: De "héroes" a criminales
Durante décadas, el régimen del "Nuevo Orden" de Suharto impuso la idea de que las matanzas de 1965 fueron un acto patriótico necesario para salvar al país del comunismo.
The Act of Killing dinamitó esta versión desde dentro. En lugar de entrevistar a las víctimas, Oppenheimer dejó que los propios verdugos (como el líder paramilitar Anwar Congo) recrearan con orgullo y egolatría sus métodos de asesinato inspirándose en el cine de Hollywood. Al presumir de sus atrocidades frente a la cámara, los perpetradores se desenmascararon a sí mismos. El público indonesio vio, horrorizado, que quienes gobernaban sus distritos y fundaban partidos no eran héroes salvadores, sino gángsters y asesinos crueles.
2. Romper el tabú a través del espejo del trauma
Si la primera película expuso la mente del opresor, The Look of Silence le dio voz al miedo reprimido de la sociedad. El documental sigue a Adi, un optometrista cuyo hermano fue brutalmente asesinado en 1965, mientras confronta cara a cara a los asesinos locales bajo la premisa de graduarles la vista.
Esta metáfora visual sirvió para romper el aislamiento psicológico de los sobrevivientes. Por primera vez, las familias de las víctimas —que habían vivido estigmatizadas, empobrecidas y vigiladas por el Estado— vieron su dolor validado en una pantalla, fracturando la política de sumisión impuesta por el miedo.
3. El escalofriante recordatorio de los créditos: "Anonymous"
Uno de los impactos más crudos del proyecto no ocurre durante el metraje, sino cuando la pantalla se va a negro. En los créditos finales de ambas películas, decenas de técnicos, camarógrafos, productores y el propio co-director indonesio aparecen listados como "Anonymous".
Esta decisión artística y logística demostró al mundo y a la propia sociedad civil que la estructura de terror de 1965 seguía plenamente operativa. Revelar sus identidades significaba arriesgarse a ser perseguidos, agredidos por la milicia Pemuda Pancasila o encarcelados por las autoridades actuales.
4. El despertar clandestino de la juventud
El gobierno indonesio intentó bloquear la difusión de las películas: se prohibieron las proyecciones en cines comerciales y grupos paramilitares amenazaron con quemar los recintos que las exhibieran.
Sin embargo, el equipo de producción liberó los documentales de forma gratuita en internet para el territorio indonesio. Esto desató un movimiento de proyecciones clandestinas en sótanos universitarios, iglesias y centros culturales independientes. Para la generación joven nacida después de la dictadura, que solo conocía la historia oficial de los libros escolares, descubrir la verdad de su propio país a través de la red provocó un masivo relevo generacional en la demanda de memoria histórica.
El balance sobre la impunidad: ¿Hubo justicia real?
A nivel estrictamente penal, el sistema de impunidad indonesio resistió el embate, pero sufrió fisuras institucionales sin precedentes:
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Validación institucional interna: Poco después del estreno de las películas, la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Indonesia (Komnas HAM) emitió un informe histórico declarando que los eventos de 1965 constituyeron, de manera sistemática, un crimen de lesa humanidad.
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El lamento del Estado (2023): Aunque los altos mandos militares y paramilitares jamás pisaron la cárcel, la presión y el cambio en la opinión pública forzaron un hito político. En enero de 2023, el entonces presidente Joko Widodo emitió una declaración oficial en la que reconoció y expresó su "profundo pesar" por las graves violaciones de derechos humanos cometidas en el pasado del país, nombrando explícitamente las purgas de 1965.
Aunque el Estado indonesio sigue negándose a pedir una disculpa jurídica formal o a procesar judicialmente a los responsables vivos, los documentales de Oppenheimer lograron el castigo que el poder político intentó evitar: el juicio de la historia y la condena moral pública de los asesinos ante los ojos de su propio pueblo.
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