Si te gusta la gente y las experiencias compartidas con desconocidos, pasar tus días en un hostel puede resultar muy interesante. Pero después de vivir un largo tiempo en un lugar como este, son estas mismas experiencias las que hay que controlar para que no nos jueguen en contra. Uno de estos aspectos a tener en cuenta es con la comida: con tanta gente de paso en modo vacaciones, la comida nunca falta y si no prestas atención, podes pasar todos tus días comiendo de una manera no tan saludable .
Durante mi estadía en la ciudad de Ushuaia, al sur de Argentina, hice más ejercicio que en cualquier otro momento de mi vida. Casi todos los días iba a caminar a las montañas, o al menos iba a la costanera de la ciudad, que implicaba hacer casi un kilómetro, primero en bajada y luego en subida. Esto hizo que me sintiera fuerte y saludable, y hasta incluso bajé un poco de peso por todo este gran gasto energético diario.
Mi forma de compensar esto era intentar no saltearme ninguna de las comidas. Sabía que las jornadas en las montañas eran muy demandantes, por lo que implementé comer mejor y más que lo normal para compensar el gasto. Al principio intenté implementar lo de comer equilibrado, con platos que tuvieran carne, verduras y carbohidratos en las medidas justas, pero esto era algo que no siempre podía cumplir. A veces por falta de ganas de cocinarme algo así, y otras veces por aceptar comer lo que cocinaran los demás.
El ambiente de hostel es muy divertido y dinámico. Siempre hay reuniones de viajeros ocasionales, y nunca falta el que quiere cocinar para todos. Por supuesto que si todos estaban celebrando yo no iba a hacerme a un costado, así que terminaba uniéndome a ellos. En estas reuniones lo que más comíamos era pizzas y cosas con harinas, lo que es más fácil de cocinar para las multitudes. Me encanta la pizza, pero al otro día cuando tocaba ir a la montaña, notaba la pesadez de haber comido casi todo carbohidratos.
No sé cuantas decenas de veces habré comida pizza en los casi seis meses que estuve en Ushuaia, y aunque era deliciosa siempre, esto pasaba factura a mi cuerpo. Otra cosa llena de harina que comimos mucho en el hostel fueron las tortas fritas que yo misma hacía. Estas tortillas de harina fritas en grasa eran ideales para los días de lluvia, y para agregarle más calorías, no podía faltar el dulce de leche. Era muy difícil decir que no a todo esto, pero aunque parezca imposible, logré encontrar el equilibrio perfecto.
Mi forma para mantener una dieta saludable en Ushuaia fue tratar de comer sano (o lo más que pudiera) durante la semana, y los fines de semana podría comer sin culpa. Todo esto estaba compensado con todo el trekking que hacía diariamente, además de tomar mucha agua todo el tiempo. Sin dudas tuve que reducir drásticamente mi consumo de harina, y cuando veía que mi estómago necesitaba un respiro, no me quedaba otra opción más que decir que no a todas las reuniones llenas de comida deliciosa pero no tan saludable. Este método me sirvió mucho durante mi estadía, y logró que mi peso se mantuviera estable: y lo mejor de todo, no pasé hambre en ningún momento .
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